LAS MUJERES COMO ARTÍCULOS DE CONSUMO.

“Creo que convertir a las mujeres en objetos sexuales las reduciría como seres humanos. Es una paradoja, no me lo tomen a mal, quiero que las mujeres progresen como género pero cuando se trata de mi mujer no quiero que progrese, es más: necesito que sea inferior.
¡Dios no permita que ella gane más dinero que yo! cuando niños nos enseñan que debemos crecer para ser proveedores de nuestras familias, pero ¿qué pasa cuando nuestra compañera usurpa ese rol?
¿Dónde dice que las mujeres no son objetos sexuales? ¡por supuesto que lo son! y a ellas les gusta, es por eso que se operan los senos, se sumen el abdomen y se levantan los rostros, para seguir siendo objetos sexuales.
Por puesto, se supone que somos proveedores porque las mujeres son las que se embarazan, ellas no pueden trabajar gordas e hinchadas, se quedan en casa con los niños y los hombres son quienes llevan el dinero, pero no es voluntad divina, las mujeres lo quieren así. ¿A cuántas mujeres conocen que digan: “cariño, después de que yo dé a luz quiero que dejes el trabajo y te quedes en casa con los niños para que yo vaya a la oficina”?
Es decir, ¿estás loca?, ¿qué es eso de que somos iguales? Dios hizo diferentes sexos para que seamos diferentes y es natural que el hombre disfrute esas diferencias. Nada van a cambiar, al final los hombres se rigen por sus deseos como las mujeres por los suyos, lo que nosotros queremos es sexo y lo que ellas quieren es dinero.
¿Igualdad? si Dios hubiera hecho el pene revocable les pediría el suyo ahora mismo, sus pequeñas cosas…”

Esta no es una opinión personal.

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UNA TRISTE MAMÁ DE 16 AÑOS

He escuchado hasta el cansancio que las personas con desorden de personalidad limítrofe nos caracterizamos por tener relaciones caóticas, siempre quise pensar que ello se refería a las relaciones de pareja, pero últimamente me he puesto a analizar mi manera de relacionarme con mi familia y aparentemente -muy a pesar mío- cuando dicen “relaciones caóticas” lo dicen en el más amplio sentido de la frase.

En estos días me estoy separando de mi único hijo quien es 16 años menor que yo; después de múltiples intentos por reconstruir mi relación con él finalmente fracasé (o fracasamos). Tal vez no les parezca tan relevante que un hombre golpee a su mujer, pero ¿qué sensación les produce el hijo que golpea a su madre?, ¡qué sensación de vacío me produce a mí cuando él me dice que no son golpes porque no me los da con el puño!… pues dentro de ese contexto supongo que no, no son golpes, pero me duelen más que los que me dieron cada uno de mis dos ex-esposos, más que los que me dieron mis padres cuando niña, incluso más que los dolores que sufrí cuando lo traje al mundo.

Dentro de esta situación enferma en la que hemos caído, me he puesto a buscar maneras de justificarlo: ¿se debe al terrible trato que le di cuando siendo un bebé me enojé con él porque mis padres no me dejaban abrazarlo? No soy de las que piensan: “seguramente es mi culpa porque siempre hago algo mal”, pero sé que lo he herido como todos nosotros alguna vez lo hacemos con las personas a quienes más amamos.

Muchas veces dije cosas que dolían pensando que por ser mi hijo él las perdonaría y las olvidaría, y muy probablemente así fue, pero la sensación de aversión que hace años fomenté entre él y yo, hoy día flota en el aire. Cada vez que me grita veo en él a ese niño llorando porque yo lo trataba mal, pero también veo en mí a esa niña enojada con la vida porque sus padres le arrebataron a su bebé y le obligaron a mentir a todos diciendo que era su hermano -a todos, incluyendo a su propio hijo-. Todavía bajo estas circunstancias, mis padres me condenan y me acusan de ser la responsable de la mala relación que él y yo tenemos.

Creo que esto aplica tanto para mis padres como para mí: “Un niño olvida con el tiempo las cosas que le dices, pero nunca olvida cómo lo hiciste sentir”

ESPERANZAS A LA VENTA…

3Muy bien, llegó el muy incómodo momento para hablar acerca del dinero que desperdiciamos en la búsqueda de esperanza –eso nos pasa a todos, no sólo a quienes estamos locos-.
Si te pasa que un día, algo que considerabas tu vida entera ya no está contigo, comienzas a ver la vida desde otra perspectiva: la comida ya no tiene sabor, no hay situación alguna que amerite bañarse, si te ves forzado a salir a la calle te limitas a ver cómo otros sonríen y, en general, no hay algo que te motive a vivir.
Es un poco tonto pensar que ésta es una situación incómoda, la incomodidad es una sensación, y quienes hemos atravesado por etapas así simplemente no sentimos nada salvo vulnerabilidad, siempre pensamos que se puede sufrir más, pero es difícil para nosotros concebir que algo nos haría sentir mejor.
Aquí quiero decir algo que tal vez les vaya a confundir: los suicidas no se quieren morir, simplemente quieren dejar de sufrir. Eso sí lo saben algunas personas, charlatanes a quienes de manera respetuosa llamaré “depredadores”.
Los depredadores no tienen que esforzarse por ganar dinero, no tienen una jornada laboral de ocho horas, todo lo que tienen que hacer es publicar un anuncio en el periódico o cualquier otro lugar visible al alcance de quienes quieren dejar de sufrir, y éstos solos han de llegar en su desesperación.
Conocí a una mujer en sus treintas cuyo marido desapareció tras la amenaza de no volver, durante meses hizo llamadas diariamente a la línea de Walter Mercado en un intento desesperado por obtener una pista de su paradero. Baste decirles que cuando se resignó a que él no volvería, gastó menos en el divorcio por abandono de hogar, que en aquellas cuentas telefónicas.
Les narro el caso desesperado número dos: empezó con tres mil pesos porque le hicieran una velación al marido en una cueva de Catemaco porque ya no se fijaba en ella; siguió con siete mil a otra señora en un pueblo de Chiapas que hablaba con un espíritu, para que el marido dejara a la amante; después de eso doce mil a un santero BUE-NÍ-SI-MO en el DF que le aseguró que el esposo regresaría con ella (ya la había dejado por la amante); veinticinco mil al que trabaja con la santa muerte en el mercado de Sonora, diez mil por acá, quince mil por allá… cada vez que llamaba para preguntar cómo iban las cosas le decían que ya mero, que el trabajo estaba muy bien.
Yo me hice adicta a ir con una mujer que me leía las cartas y que cada vez que iba me decía que las cosas iban pronto a estar muy bien, que pronto me iba a curar, que todos mis problemas se iban a resolver. Supongo que con el tiempo así fue, pero ella no tuvo nada que ver en eso, y cualquier otra persona pudo haberme dicho lo mismo gratis.
El negocio de estos depredadores es mezclar papel aluminio con químicos para que se calienten y suelten humo, analizar a las personas para decir lo que aquellas quieren escuchar, y así seguir el juego hasta que el iluso se desespera y empieza a buscar a un brujo “más bueno”.
Creo que en este punto tanto las personas que hemos sido víctimas de la charlatanería como los que no lo han sido (locos o cuerdos) tenemos una pregunta en común: ¿por qué? ¿por qué siguen existiendo ilusos y porqué siguen existiendo depredadores? Yo que lo he vivido les voy a decir mi punto de vista: No hay precio caro para la esperanza.
¡Nada es cierto! ¡Él nunca va a volver! Pero nosotros necesitamos pensar que sí lo hará, nos aferramos a un dejo de nostalgia y nos negamos a cerrar el círculo. Queremos escuchar que él aún nos ama pero está embrujado, nos reconforta que alguien nos diga que él piensa en nosotros y es infeliz por su lado, y tonta e inconscientemente creemos que si pagamos por que alguien nos lo diga, existe el compromiso de que sea verdad –al menos un poco verdad-.
Después de estar en el más profundo estado de desolación, alguien te dice cosas que te hacen creer que volverás a dormir en sus brazos, que sus besos serán otra vez tuyos, y que estarán juntos otra vez y esta vez nada los va a separar. Eso se llama venta de esperanzas y claro que pagas por ellas!, PORQUE CUANDO HAS SENTIDO EL MÁS GRANDE VACÍO EN TU VIDA, NO HAY PRECIO CARO PARA LA ESPERANZA, no hay precio caro por dejar de sufrir y, en un momento importante es eso o la muerte.
Esa esperanza es lo mismo que polvo estrellas es un frasco, cuando alcanzas la realidad te das cuenta de que en verdad es un engaño, una estafa de alguien que se aprovechó de tu necesidad de dejar de sufrir, y entonces viene la vergüenza: ¿denunciar para perder un poco –o un mucho-más de dignidad? ¿para que se haga público el nombre que tantas veces escribiste en velas y papeles mágicos?
No hay más que regresar atrás y tomar una buena dosis de realidad, volver al vacío pero esta vez no sólo sin esperanza, sino también con la dignidad perdida.

EL ÚNICO

Hay un momento en la vida de todos, en el que dos miradas se cruzan y todo brilla alrededor; de pronto quieres conocer su vida pasada y reir con las cosas que le hicieron reir a él, compartir su presente y construir con él un futuro, quieres entender su idioma y saber qué le duele y qué le hace feliz, porque aunque viviste siempre sin conocerlo, en un segundo se volvió tu vida y cambió tus planes.
Un día te verás recordando qué llevaba puesto el día en que se conocieron y cómo lucía, las primeras palabras de cortesía y los primeros “te quiero”. El primer beso nunca se olvida, y el último siempre es difícil de recordar, porque nadie nunca sabe si este beso será el último.
Siempre hay momentos en que la nostalgia duele en el pecho, en los huesos, en la sangre, en el alma… ese breve segundo en el que caminando entre otras gentes hueles el aroma que te recuerda a él, y te consuelas con un suspiro para no soltar una lágrima.
Después de días, de meses o años, consciente o inconscientemente todo se vuelve odio, resentimiento, sentimientos que se traducen en un “¿por qué?” que no siempre tiene respuesta (y muchas veces es mejor que no la tenga).
Todos nos damos cuenta cuando empieza el amor, pero nunca sabemos distinguir cuándo termina, un día de repente ya no está, y todas las canciones, los lugares, los momentos que te conmovieron y te hicieron feliz ahora te duelen, y si te es posible los evitas.
Para recuperarte de algo así no necesitas que pase el tiempo, porque puede pasar una eternidad, pero si sigues herida cada recuerdo te duele, toda la vida. ¿Qué es entonces lo que tiene qué pasar para recuperar la libertad de tu corazón? Redención.
La redención de tu corazón, de tu dignidad, de tu espacio en el universo, de tu no sé qué. Un día cruzas tu mirada otra vez con alguien, y entonces la cuenta regresiva vuelve a empezar, porque el amor empieza a morir desde que nace. No se sufre cuando tu amor se muere, se sufre cuando el amor de él es el que se acaba; si tienes suerte, tu amor y su amor morirán al mismo tiempo, y si tienes más suerte aún, el amor morirá con ustedes, pero siempre, SIEMPRE morirá.
Aunque el amor muera, siempre habrá existido. Las personas se enamoran sólo una vez en la vida, tal vez no del primero, pero sí del único, y el resto de su vida la pasan buscando a alguien que se le parezca, que te haga sentir lo mismo que ese a quien amaste, el que tiene un lugar especial en tu corazón por haberte hecho volar con sus promesas, y un lugar especial en el infierno por haberlas roto.

MOMENTOS TORMENTOSOS

Hace dos días que no he dejado de temblar, he tenido reuniones muy importantes, y me ha costado un poco de trabajo fingir ante los demás que todo está bien. Cuando tratas de disfrazar los síntomas de un desequilibrio mental tienes que recurrir a muchos trucos, yo he estado tomando café para poder argumentar que no estoy acostumbrada y por ende la cafeína me ha afectado.
Entonces me provoco un poco de compasión a mí misma cuando pienso en que por tratar de disfrazar mis síntomas yo misma los acrecento con estimulantes; la responsabilidad que implica fingir me provoca aún más ansiedad, así que las manifestaciones físicas son aún mayores.
¿Qué tanto sufrimiento puede significar un escalofrío? Créanme: mucho.
En alguna cultura dicen que cuando sientes escalofríos es porque alguien pisó tu tumba. Las personas como yo sentimos eso y mucho más.
El escalofrío es continuo, no dura horas sino que es interminable; hay esta sensación de resequedad en la garganta y el sabor a monedas en la boca; todo te altera, no soportas escuchar sonidos muy altos (escuchar gente reir o gritar te hace sentir violento); pero lo peor de todo es el miedo: miedo a cruzar la calle por temor a ser atropellado, miedo a que tu hijo, tu hermana, tus padres salgan de casa y ya no regresen, miedo a hacerte daño a ti mismo, y el mayor miedo es a que los demás no te entiendan y te quedes solo.
No piensen que esto es una tortura sin remedio, hay remedios, no hay cura pero hay maneras de controlarlo: psicotrópicos. Al principio los tomas y es una maravilla, parecieras traer puestos unos lentes color rosa y la vida luce normal. Pero te engañan, te atrapan (son drogas al fin y al cabo), cuando te sientes autosuficiente los dejas y estás bien por unos días, pero entonces los extrañas y el sufrimiento es peor, porque además de la necesidad emocional tienes una necesidad física, y tu problema ahora se duplica.
Hay de todo: los que engordan, los que provocan anorexia, aquellos a los que tu cuerpo se acostumbra y dejan de funcionar, etc., pero todos son drogas. No podría decir si a ti te harían bien o te harían mal, pero te puedo decir que yo no quisiera necesitarlos.
Por hoy seguiré tomando valeriana y trabajando en mi tolerancia a la frustración, aunque las cosas no andan bien sé que podrían estar peor, y tengo que tomar las riendas de esta situación porque NADIE va a cuidar de mí.

HAY DE LOCOS A LOCOS

camisaComo es natural, hasta entre los locos hay niveles, eso nos permite tenernos lástima entre nosotros.
Estuve internada en una clínica muy “popof” en la que conocí de todo… había la que estaba recluida por haber matado a su hijo recién nacido en un desafortunado “estrés post parto”, la que sabía que era esquizofrénica y que las voces que le hablaban no eran reales, la que no aceptaba que era esquizofrénica y que en realidad creía que el demonio le decía que era bella, muchas limítrofes, trastornos bipolares, y también estaba Chayo.
Chayo fue diagnosticada con Trastorno Afectivo Bipolar Tipo II. En sus tiempos prósperos fue una docente muy reconocida, se codeada con jefazos del SNTE y con autoridades del gobierno del Estado. De pronto algo que nadie se explicaba pasó y ella empezó a sufrir mucho, tuvo un periodo de etapas buenas y etapas malas durante algunos años, pero cuando su madre murió de plano se le inundó el roof garden.
Cuando la trajeron llegó en una ambulancia, parecía que estaban internando a la mismísima llorona y toda la noche se escuchó su llanto en el segundo piso. Como ya era costumbre, todas las loquitas hacíamos rondines asomándonos sin recato por las ventanas de su cuarto para ver a “la nueva”, ella lloraba y lloraba –lo cual no nos parecía anormal- y cuando se cansaba de llorar sólo gritaba: “¡mi madre está muerta! ¡¿no entienden que mi madre ha muerto?!, con sus ojos y sus gestos nos decía que no podía entender cómo ella, nosotros y el mundo seguíamos vivos si su madre no.
Eso no nos conmovía tanto, habíamos muchas ahí que concebíamos el mundo de esa manera, lo que en verdad nos hacía tenerle lástima eran los días de visitas. Habíamos algunas que pagábamos algunos miles extras para estar en el tercer piso (el VIP), no compartíamos habitación con nadie, teníamos televisión y baño privado, y lo mejor: ¡cuatro días de visitas a la semana! Chayo era de las de dos días, así que los martes y jueves de cada semana todas sufríamos.
Chayito es madre soltera, y cuando se murió su madre le quedó sólo su hijo. Habían pasado tres meses desde que llegó a la clínica y su hijo aún no la visitaba, así que ella siempre pedía permisos desesperados a las enfermeras: “déjenme llamarle”, “déjenlo entrar cuando viene”, “quiero que la misma ambulancia que me trajo a mí me lo traiga a él”, y súplicas similares.
A veces en las horas de visita, lloraba en la ventana viendo hacia los jardines gritando que la dejaran salir a hablar con su hijo, entonces tenían que someterla entre tres enfermeras para poder sujetarla (sí, significa amarrarla) en su cama; es obvio que no querían que las visitas se asustaran y pensaran que no estaban en un lugar seguro, así que una vez amarrada la sedaban al punto de la estupidez para que no pudiera gritar y se iban dejándola sola, llorando otra vez.
Siempre que eso pasaba, quienes habíamos recibido visitas nos sentíamos un poco mal. Yo sabía que a pesar de todo lo que fuera afuera, ahí dentro yo era una más que no podía hacer nada por ella; así que un día en el que otra vez presencié su llanto desde el jardín, le pedí a mi visita que se fuera antes y subí a verla. Cuando llegué a su cuarto ya estaba sujeta y sedada como era costumbre, le pregunté: “¿por qué estás triste Chayo?”, me dijo que no la dejaban bajar al jardín a hablar con su hijo, cuando le pregunté si su hijo había ido a verla me dijo que sí, que ella lo había visto desde la ventana haciéndole señas para que bajara al jardín; me dio tanta tristeza que tomé la crema de su buró y empecé a sobarle los pies y los brazos que ya estaban dormidos con la presión de las correas, ella volteó a verme y me dijo: “gracias hija”. Después de eso los sedantes terminaron de hacer efecto y se durmió con lágrimas en los ojos.
En ese momento me di cuenta de que todos tenemos un poco de locura, y que ese poco puede explotar y robarnos la razón el día en que nos damos cuenta de que en un mundo con tanta gente, estamos solos.

EL CORAZÓN

Dicen que se ama con el corazón…

Esperar en la ventana con los ojos llenos de lágrimas, esperar aún cuando sabes que nunca le verás llegar hasta tu puerta. Tener el pleno conocimiento de que estás en ese obscuro y lejano terreno del olvido y, sin embargo seguir esperando, porque hay algo que no se encuentra en tu cuerpo, pero que te maldice con una pizca de inmadurez, con un poco (o un mucho) de insensatez, para seguir esperando a sabiendas de que la lógica y la razón no pueden concebir que en algún momento volverá.

Tampoco se encuentra en tu cuerpo aquello que te hace llorar leyendo las cartas, viendo las fotografías, repasando los mensajes que te envió hace ya más de un año y que aún no has borrado del teléfono, de tu correo, de tu memoria. ¿De dónde viene ese impulso que te hace llorar con medio kilo de papel, que todavía guardas como si ello sirviera de algo?

No puede existir en tu organismo algo tan cruel, que te daña tanto a ti mismo. ¿Qué ente perverso ha sido diseñado para autodestruirse con tanta facilidad? Odiar, amar, extrañar, envidiar, guardar rencor, son procesos químicos que se originan con impulsos eléctricos del cerebro. Es el cerebro quien te dice que llores cuando escuchas una canción, quien le ordena a tu estómago que se revuelva cuando te enteras de que alguien ocupa el lugar que antes fuera tuyo. Algunos necios insisten en llamarle a estos impulsos “sentimientos”.

El corazón es un músculo, limítense a bombear sangre…

Entonces, ¿por qué duele el pecho cuando sientes que le has perdido para siempre?, ¿por qué la sensación de vacuidad en el lado izquierdo del tórax cuando adviertes que no hay motivos para continuar?