DISCULPA LOS MALOS PENSAMIENTOS

Estuve navegando y encontré esta entrada en un blog muy interesante: http://bit.ly/11ulOlZ

 Su contenido en general me parece bastante “dicáctico”, muy adecuado para quienes quieren conocer un poco acerca del trastorno limítrofe. Su lectura de por sí me pareció muy atractiva, pero lo que más me conmovió fueron los comentarios a la entrada, literalmente me sentí muy conmovida por las experiencias de las personas que padecen esta condición, pude darme cuenta de que en realidad lo están sufriendo.

En mi caso particular no podría decir que sufro, así que me puedo dar el lujo de compadecer a aquellos que lo hacen. Tengo todos los síntomas que el artículo describe, tengo mis altas y bajas extremas, cuando me deprimo es muy triste y cuando estoy feliz me siento eufórica, pero creo que es algo que le pasa a todo el mundo en cierta medida, ¿no?

Creo que tal vez el estado más problemático de mi condición, es cuando estoy en un punto intermedio, porque soy consciente de mis emociones y las puedo controlar. Ello me vuelve potencialmente peligrosa. En este estado de consciencia soy capaz de analizar mis rencores y el origen de mi ira reprimida, y puedo identificar a los causantes de la misma. ¡Dios los ampare!

No tengo muy claro si esta tarea de culpar de mi encono a los demás es parte de mi locura: “Si él no les hubiera creído más a ellos que a mí”, “si ellos no se hubieran metido en mi vida”, “si él me hubiera contestado el teléfono aquella vez que sentí que no quería vivir”, “si tan sólo me hubieran dejado ser feliz”…. Y una larga serie de más y más “si” empiezan a circular por mi lóbulo frontal.

Tal vez nadie es responsable de que yo haya llegado a sentirme miserable, pero me causa cierto placer pensar que alguien interfirió en mi infelicidad, en lugar de reconocer que era yo quien tenía que haberme esforzado.

¡Dios los ampare!, cuando racionalizo mi decadencia de esta forma, empiezo a buscar las maneras para molestarlos, eso es muy de mí últimamente: ¿quién va a pagar y cómo? No se espanten, nunca he cometido un delito, y menos aún he atentado contra la seguridad corporal de las personas (además de la mía).

No obstante ello paso días planeando venganzas que nunca llevo a cabo; fantaseo acerca de las probabilidades de encontrarme a este o aquella en la calle, y por fin gritarle lo que muchas veces me reprimí en decir. Me significa una especie de placebo el hacer justicia en mi imaginación.

No quisiera confundirles, no soy psicópata, sólo reconozco mis sentimientos mundanos en un modo en que otros no lo hacen. Además de todo creo en Dios, y sigo esperando a que sea Él quien haga ese trabajo, el cual supongo que ya comenzó desde el momento en que alejó de mi vida a tantas personas que me hicieron daño.

La próxima vez les hablaré de algo más interesante, lo prometo.

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