NUESTRA IMAGEN ANTE LOS DEMÁS

AP

Cuando yo era niña, no me preocupaba tanto por mi apariencia como lo hago ahora, y parece ser que al común denominador de la niñez mexicana le pasa lo mismo en la actualidad.

Sepan que tengo una vida social, no en el mundo fáctico, pero sí en las redes sociales; tengo primos, amigos, hermanos, etc. La mayor parte del tiempo subo fotos de mi comida y de mi mascota como las personas normales, hasta posteo los comentarios comunes que el resto de la gente hace: “qué frío *brrr*”, “tengo sueño *zzzz*”, “a comer *mmm*”, “en el baño *plop plop*”, y así…

Pero lo que en realidad me estimula para entrar a ver sus muros y sus perfiles, es el escarnio del que hago víctimas a quienes se atreven a enviarme una solicitud de amistad. ¡En serio! No juzgo a las personas por lo que hacen con su vida, las juzgo porque tienen el descaro de publicarlo en Facebook.

Tengo los primos con esposas que se creen “sexys” vistiendo animal print de los pies a la cabeza. Tal vez no sé mucho de moda y estilo, pero sí sé que a este tipo de estampado hay que tenerle respeto, y si naciste naca, hay que tenerle miedo. Observo sus fotos y esbozo mi sonrisa maléfica, me pregunto en voz alta: “¿se da cuenta que parece que mató a un leopardo gigante, se lo tragó y después vistió su piel pintada de rosa con azul?”. Posteriormente cumplo con mi rol social y hago un fingido cumplidillo como: “qué guapa, te ves hermosa!” Como somos primas políticas, ellas piensan que soy sincera y emocionadas le ponen un “me gusta” a mi comentario, escriben un efusivo “gracias”, y se sienten alentadas a seguir con su vida “toda fachion”.

Cada fin de semana no puede faltar el desfile de fotografías de los sobrinos borrachitos –muy sociales ellos-. Por algún  motivo inexplicable se sienten bien “popus” subiendo fotos de ellos mismos o de sus amigos tirados en el baño después de vomitar litros de alcohol; bueno, en cierta forma se entiende –no se justifica- que hagan esas demostraciones de sus aptitudes para socializar cuando ya están ebrios, pero ¿qué les pasa por la mente cuando publican fotografías de los “piquitos” de diferentes botellas que están a punto de consumir? (ya sabes, las sobras de la semana pasada, o la botella inconclusa que se sacaron de la fiesta de quince años).

Esto es un anticipo del espectáculo que le darán a su “sociedad virtual” horas más tarde, por lo general, seguida de fotos de botellas, viene una notificación de nuevas fotografías que encajan en la clasificación que describí en el párrafo que antecede. En algunas ocasiones he dedicado algunos segundos a tratar de explicarme porqué eso les importa una realización personal; pero cuando veo fotos de sus papás haciendo lo mismo, todo encaja y no pierdo más el tiempo. En casos como este me quedo sin comentarios, y no consigo ser hipócrita: su vida y su realización personal me da igual.

¿Quieren saber qué es lo que en realidad me llega a molestar?, se los diré: las fotos de mis primas, amigas, conocidas y desconocidas GORDAS, que tienen hijos e hijas menores de diez años GORDOS y GORDAS también. Podría yo entender que un adulto de madura edad se dé por vencido con respecto a su salud y su apariencia, pero ¿por qué permitir a tus hijos -a quienes se supone que amas- que lo arruinen desde pequeños? Es decir: tienes hipertensión, diabetes, colesterol alto, y ¿te quieres desquitar con tus hijos? ¿o cómo?. Tipo: “¡si me hundo, se hunden conmigo!”; sorry, pero lo tengo que decir: ¡qué amor tan enfermo!

Hay hombres a quienes les gustan las gordas, hay mujeres a quienes les gustan los gordos, y en realidad cuando hay amor el físico del otro es irrelevante; pero que les quede claro: no existen las “gordibuenas”, o ¿acaso han escuchado que a algún hombre le llamen “gordibueno”? No es así, porque gordo es gordo, y bueno es bueno; si lo analizan desde un punto de vista cultural, el término “gordibuena” es una manera más de “cosificar” a la mujer, es un modo de decir que a pesar de ser gorda, esa mujer también está “encamable”.

En casos como el último que refiero, no me río, no lo ignoro, me da lástima. Creo que en estos tiempos, debemos enseñar a nuestros hijos a caminar, a leer, a ser educados, y a cuidar de su salud.

¿Creen por lo que he dicho, que tengo un corazón podrido?, pues agregaré algo para que se convenzan de que están en lo cierto: cuando stalkeo la vida de los demás, y percibo que son felices aunque ellos no lo publiquen, siento envidia.

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