ESPERANZAS A LA VENTA…

3Muy bien, llegó el muy incómodo momento para hablar acerca del dinero que desperdiciamos en la búsqueda de esperanza –eso nos pasa a todos, no sólo a quienes estamos locos-.
Si te pasa que un día, algo que considerabas tu vida entera ya no está contigo, comienzas a ver la vida desde otra perspectiva: la comida ya no tiene sabor, no hay situación alguna que amerite bañarse, si te ves forzado a salir a la calle te limitas a ver cómo otros sonríen y, en general, no hay algo que te motive a vivir.
Es un poco tonto pensar que ésta es una situación incómoda, la incomodidad es una sensación, y quienes hemos atravesado por etapas así simplemente no sentimos nada salvo vulnerabilidad, siempre pensamos que se puede sufrir más, pero es difícil para nosotros concebir que algo nos haría sentir mejor.
Aquí quiero decir algo que tal vez les vaya a confundir: los suicidas no se quieren morir, simplemente quieren dejar de sufrir. Eso sí lo saben algunas personas, charlatanes a quienes de manera respetuosa llamaré “depredadores”.
Los depredadores no tienen que esforzarse por ganar dinero, no tienen una jornada laboral de ocho horas, todo lo que tienen que hacer es publicar un anuncio en el periódico o cualquier otro lugar visible al alcance de quienes quieren dejar de sufrir, y éstos solos han de llegar en su desesperación.
Conocí a una mujer en sus treintas cuyo marido desapareció tras la amenaza de no volver, durante meses hizo llamadas diariamente a la línea de Walter Mercado en un intento desesperado por obtener una pista de su paradero. Baste decirles que cuando se resignó a que él no volvería, gastó menos en el divorcio por abandono de hogar, que en aquellas cuentas telefónicas.
Les narro el caso desesperado número dos: empezó con tres mil pesos porque le hicieran una velación al marido en una cueva de Catemaco porque ya no se fijaba en ella; siguió con siete mil a otra señora en un pueblo de Chiapas que hablaba con un espíritu, para que el marido dejara a la amante; después de eso doce mil a un santero BUE-NÍ-SI-MO en el DF que le aseguró que el esposo regresaría con ella (ya la había dejado por la amante); veinticinco mil al que trabaja con la santa muerte en el mercado de Sonora, diez mil por acá, quince mil por allá… cada vez que llamaba para preguntar cómo iban las cosas le decían que ya mero, que el trabajo estaba muy bien.
Yo me hice adicta a ir con una mujer que me leía las cartas y que cada vez que iba me decía que las cosas iban pronto a estar muy bien, que pronto me iba a curar, que todos mis problemas se iban a resolver. Supongo que con el tiempo así fue, pero ella no tuvo nada que ver en eso, y cualquier otra persona pudo haberme dicho lo mismo gratis.
El negocio de estos depredadores es mezclar papel aluminio con químicos para que se calienten y suelten humo, analizar a las personas para decir lo que aquellas quieren escuchar, y así seguir el juego hasta que el iluso se desespera y empieza a buscar a un brujo “más bueno”.
Creo que en este punto tanto las personas que hemos sido víctimas de la charlatanería como los que no lo han sido (locos o cuerdos) tenemos una pregunta en común: ¿por qué? ¿por qué siguen existiendo ilusos y porqué siguen existiendo depredadores? Yo que lo he vivido les voy a decir mi punto de vista: No hay precio caro para la esperanza.
¡Nada es cierto! ¡Él nunca va a volver! Pero nosotros necesitamos pensar que sí lo hará, nos aferramos a un dejo de nostalgia y nos negamos a cerrar el círculo. Queremos escuchar que él aún nos ama pero está embrujado, nos reconforta que alguien nos diga que él piensa en nosotros y es infeliz por su lado, y tonta e inconscientemente creemos que si pagamos por que alguien nos lo diga, existe el compromiso de que sea verdad –al menos un poco verdad-.
Después de estar en el más profundo estado de desolación, alguien te dice cosas que te hacen creer que volverás a dormir en sus brazos, que sus besos serán otra vez tuyos, y que estarán juntos otra vez y esta vez nada los va a separar. Eso se llama venta de esperanzas y claro que pagas por ellas!, PORQUE CUANDO HAS SENTIDO EL MÁS GRANDE VACÍO EN TU VIDA, NO HAY PRECIO CARO PARA LA ESPERANZA, no hay precio caro por dejar de sufrir y, en un momento importante es eso o la muerte.
Esa esperanza es lo mismo que polvo estrellas es un frasco, cuando alcanzas la realidad te das cuenta de que en verdad es un engaño, una estafa de alguien que se aprovechó de tu necesidad de dejar de sufrir, y entonces viene la vergüenza: ¿denunciar para perder un poco –o un mucho-más de dignidad? ¿para que se haga público el nombre que tantas veces escribiste en velas y papeles mágicos?
No hay más que regresar atrás y tomar una buena dosis de realidad, volver al vacío pero esta vez no sólo sin esperanza, sino también con la dignidad perdida.

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