UNA TRISTE MAMÁ DE 16 AÑOS

He escuchado hasta el cansancio que las personas con desorden de personalidad limítrofe nos caracterizamos por tener relaciones caóticas, siempre quise pensar que ello se refería a las relaciones de pareja, pero últimamente me he puesto a analizar mi manera de relacionarme con mi familia y aparentemente -muy a pesar mío- cuando dicen “relaciones caóticas” lo dicen en el más amplio sentido de la frase.

En estos días me estoy separando de mi único hijo quien es 16 años menor que yo; después de múltiples intentos por reconstruir mi relación con él finalmente fracasé (o fracasamos). Tal vez no les parezca tan relevante que un hombre golpee a su mujer, pero ¿qué sensación les produce el hijo que golpea a su madre?, ¡qué sensación de vacío me produce a mí cuando él me dice que no son golpes porque no me los da con el puño!… pues dentro de ese contexto supongo que no, no son golpes, pero me duelen más que los que me dieron cada uno de mis dos ex-esposos, más que los que me dieron mis padres cuando niña, incluso más que los dolores que sufrí cuando lo traje al mundo.

Dentro de esta situación enferma en la que hemos caído, me he puesto a buscar maneras de justificarlo: ¿se debe al terrible trato que le di cuando siendo un bebé me enojé con él porque mis padres no me dejaban abrazarlo? No soy de las que piensan: “seguramente es mi culpa porque siempre hago algo mal”, pero sé que lo he herido como todos nosotros alguna vez lo hacemos con las personas a quienes más amamos.

Muchas veces dije cosas que dolían pensando que por ser mi hijo él las perdonaría y las olvidaría, y muy probablemente así fue, pero la sensación de aversión que hace años fomenté entre él y yo, hoy día flota en el aire. Cada vez que me grita veo en él a ese niño llorando porque yo lo trataba mal, pero también veo en mí a esa niña enojada con la vida porque sus padres le arrebataron a su bebé y le obligaron a mentir a todos diciendo que era su hermano -a todos, incluyendo a su propio hijo-. Todavía bajo estas circunstancias, mis padres me condenan y me acusan de ser la responsable de la mala relación que él y yo tenemos.

Creo que esto aplica tanto para mis padres como para mí: “Un niño olvida con el tiempo las cosas que le dices, pero nunca olvida cómo lo hiciste sentir”

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